viernes 15 de agosto de 2008

martes 24 de junio de 2008

Hasta siempre.


Ha pasado mucho tiempo (algo más de un año, presumo), pero todo tiene su final, y el de este blog se halla en este punto. Mi presencia ha sido notablemente más reducida durante estos últimos meses, como cualquiera habrá podido comprobar, por causa de que he encontrado otros espacios donde las horas transcurren como minutos y donde me siento realmente más satisfecho. De esta manera, me despido de todos los que hasta ahora me hayáis seguido los pasos, aunque continuaré apareciendo por los lugares en los que no hace mucho había bastantes comentarios míos.

Hasta siempre.

miércoles 11 de junio de 2008

Mirando la tumba.



Por ti dejé mis bosques y mi tierra,
mi casa y mi caballo, mis cristales
que con ansia regaban mis rosales
muertos hoy por la furia de la guerra.

Por ti olvidé mis bosques y mi tierra,
por ti maté mis glorias celestiales,
por ti son inexactas y vanales
las heridas que el tiempo me abre y cierra.

Pero el destino aciago (negra suerte)
te arrebató la vida con enojos
y plantó en ti la huella de la muerte.

Hoy mis oscuros y llorosos ojos,
sabiendo que ya nunca habrán de verte,
contemplan sin descanso tus despojos.

Joel Varela Rodríguez

jueves 8 de mayo de 2008

Negro.


Como sombra que vierte odio absoluto
sobre un munndo podrido y polvoriento,
camino apesarado y sin aliento
mirando un cielo oscuro e impoluto.

Casi sin ver, la inmensidad excruto
(veo sólo un imperfecto firmamento),
y al bajar mi mirada con el viento
compruebo que me he puesto en negro luto.

Negra es la sombra que hay en los hogares,
negra la eternidad, y negro el ruido
de las cenizas de los negros lares.

El mundo entero se llena de un olvido
más ancho y gigantesco que los mares,
más negro que el carbón, denso y podrido.

Joel Varela Rodríguez.

martes 6 de mayo de 2008

Asesinos del 3 de mayo.



Mientras tañe tristemente
la campana de la iglesia,
ocho rostros invisibles
empuñan sus escopetas.
El odio que hay en sus manos
tiene signos de soberbia.
Los peones de Bonaparte,
en un cielo sin estrellas,
vomitan soles de muerte
sobre muertas calaveras.

Joel Varela Rodríguez

lunes 5 de mayo de 2008

Ambigüedad humana.




Hacia el hondo barranco de los fines del mundo,
un espíritu propio me dirijo a buscar,
como el ave que busca en su vuelo profundo
las grandezas terrestres y los vientos del mar.

Ando lento y sufrido como un alma al Calvario,
mientras llevo en mi mente la inmensísima cruz
a morir por mí mismo a un lugar solitario
las personas obviando y rehuyendo la luz.

Horizontes lejanos sueltan rayos de plata,
y se ve un mar de fuego -la desdicha final-,
y un castillo sombrío, y una sangre escarlata,
que a mi cuerpo le sirven de tormento infernal.

Cuando un trasgo inefable me desgarra la cara,
volver quiero a mis tierras, a mi torre en marfil,
a jugar con los cisnes y a volver a la clara
estación de mi vida en que siempre era abril.

Nunca es tarde, me digo, y regreso a la vida,
deshechando el infierno donde todo ha de arder,
conociendo que pronto (¡soledad malherida!)
mis deseos sin rumbo pedirán de volver.

Joel Varela Rodríguez.

domingo 13 de abril de 2008

La una de la mañana




Como en la calle, el mundo está podrido,
y no naufragan puntos sobre el cielo;
la noche apesta a grillos, y en el suelo
pisa el hombre las manchas del olvido.

Las cosas huelen mal, huele a vendido,
a pereza nocturna, y huele a hielo
si acaso cae la lluvia sobre el velo
del cadáver tronante de un ladrido.

Es la hora veinticinco, es madrugada;
no hay nada salvo ruidos de cadenas
y un rumor de belleza aniquilada.

Y yo arrastro afligido tristes penas
sin otra compañía que la nada
en la hora en que el tiempo llueve arenas.

Joel Varela Rodríguez.